El cuentacuentos

Resultado de imagen de storyteller hensonLos que ya tenemos una edad recordamos con gran cariño una miniserie de finales de los años ochenta titulada «El cuentacuentos«. Con una duración aproximada de 23 min., recreaba cuantos tradicionales gracias a la factoría de Jim Henson y al protagonismo de John Hurt.

Recientemente encontré sus 9 capítulos en Youtube. Ha sido un placer volver a verlos con una visión más adulta y analítica, lo que me ha vuelto a confirmar que eran muy, muy buenos. Es importante destacar algunas cosas de ellos:

  • La importancia del número 3: como ya adelantó Propp en «Morfología del cuento», el número tres es importantísimo en las narraciones tradicionales. Tres actos, tres intentos, tres etapas, tres pruebas, tres hermanos, tres días (años, o meses), tres pares de botas gastados, etc. Y, a la tercera, suele ir la vencida.
  • La frase inicial: «Cuando las gentes sabían de su pasado a través de los cuentos, explicaban su presente contándose cuentos y predecían su futuro con cuentos, el mejor lugar de la casa, junto al fuego, se le reservaba siempre al cuentacuentos». Por si fuera poco, en otros dos capítulos también aparecen un par de frases que no tienen desperdicio. Una de ellas es «Soy un cuentacuentos, un creador de sueños. No soy una baratija, soy un lujo. Y, por privilegio, necesario». Y la segunda, más enigmática, dice «los cuentos siempre cambian».
  • La técnica: la forma de narrar del cuentacuentos es muy interesante. Introduce varias palabras cultas, sin exagerar, que enriquecen la narración y la dotan de magia. Hay varios giros, como cuando habla de «en lo más lejano hay una montaña, y en la montaña hay un castillo, y en el castillo una puerta, y tras la puerta un pozo, y en el pozo un pato, y dentro del pato, un huevo». También emplea recursos propios de la narración oral de cuentos, como es introducir personajes o mensajes que aparecen con cierta discreción y poca relevancia pero que finalmente resultan ser la clave, cuando el espectador ya los ha olvidado (un mendigo al que se ayuda, un salmón que aparece de camino, un consejo que se da al inicio de la narración…). Con estos recursos, el narrador logra mantener la atención emocional todo el tiempo y sorprender a su público con giros o soluciones inesperadas.
  • Los personajes: los personajes son muy característicos. El perro, por ejemplo, es el contrapunto perfecto del narrador, pues interrumpe, cuestiona o anima a seguir con la narración creando pausas y momentos de inflexión. Pero si hay alguno con una personalidad marcada es el propio cuentacuentos. Su forma de hablar, de moverse y el misterio que lo acompaña, son perfectos para dibujar dicho personaje, pues logra crear un aura de misterio y una imagen de viejo aventurero al que le ha pasado de todo. Como corresponde a todo buen cuentacuentos, por supuesto. Salpica su estilo con notas de humor, descripciones breves pero precisas y dejando que el oyente presuponga muchas cosas.
  • Las tomas: en lo que a narración visual atañe, hay un sinfín de tomas que suponen un guiño, pues introducen a los narradores y al espectador en el propio relato. Si el cuentacuentos mira una bacenilla llena de agua, mientras habla de un pozo, los personajes del cuento estarán mirando al cuentacuentos desde el fondo de la bacenilla, en sentido contrario. Si se habla de un alma que llega al infierno, en la chimenea que hay enfrente del cuentacuentos aparece esa alma como una sombra a escala, entre las llamas, etc. De este modo, el lenguaje visual permite que el espectador real, el ficticio (el perro), el cuentacuentos y los personajes entren en la misma narración.

Como dije al comenzar estas líneas, ha sido un gustazo volver a ver estos capítulos. Además, repasar la narración oral de los cuentos nos permite volver a recordar cómo deben ser los giros, estructura y recursos propios para hacer un buen storytelling. Considero que volver a ver «El cuentacuentos» es un ejercicio de clara utilidad formativa y un buen repaso para los que nos dedicamos a «storytellear».

¿Cómo? ¿Que no conocéis el cuento del blogger que contaba cuentos? Pues veréis, érase que era…

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